Hola a todas. Me han pasado esta mañana en el “foro de chicas” del trabajo este enlace. La caja vacía… qué gran término para definir ese estado en el que entran los hombres para sacarnos de quicio. No es no, sí es sí y nada es nada. Y no hay más donde rascar.
Los hombres y la Caja Vacía
Cuando me “enamoro”
¿¿¿¿En el estómago???? Yo la presión no la siento ahí… Esto parece el diario de mi prima pequeña.
Yo sé que me gusta alguien porque me dan ganas de arrancarle todas y casa una de las prendas que lleva. Todo lo que no sea piel, fuera. Se me acelera todo, me pongo a mil revoluciones y solo pienso en avalanzarme sobre él. O en que él se avalance sobre mí.Empiezo a imaginar cómo serán sus pectorales, sus brazos, sus piernas… deseo que sean fuertes para poder manejarme a su antojo.
Normalmente, no suelo estar mucho tiempo con esa sensación: el segundo día, o él o yo ya hemos perdido nuestra ropa. Y el tercero… a por otra presión diferente ![]()
¿Vosotras qué opináis?
La señorita Presión en el Estómago
¿Por qué de cuándo en cuándo pasa que miras a alguien y notas una presión en el estómago? Cuando menos lo necesitas, cuando menos quieres, cuando peor te viene, aparece en el estómago, ya está ahí esa enemiga que has tenido el placer de conocer y que no tienes claro si es de fiar o no: muchas veces te la ha jugado.
Aunque sepas que no, aunque todos y cada uno de los puntos de tu cerebro te digan que no, ahí está la maldita presión, haciendo que imagines cosas casi imposibles. Y es esta presión la que hace que tengas esperanza de que al final suceda eso que imaginas. Y entonces empiezas a hacer tonterías, como por ejemplo ser feliz con que te diga “hola”.
Eso digo yo… ¿hola? ¿me ves? estoy aquí. Soy esa persona a la que se le acelera el corazón solo con estar un poco cerca de ti. Yo no quiero que me pase esto, tranquilo, estoy en tu mismo bando. Pero es que la señorita presión en el estómago me está intentando sobornar diciéndome que si no intento algo igual me arrepienta.
Vamos a hacer un trato: sigue así, sin percatarte de que existo. No me mires, ni me sonrías jamás, ni me hables. Deja que esta presión, que poco a poco sube hasta el corazón, se canse y se vaya. Mientras, intentaré ignorarla.
La vergüenza ajena
La vergüenza ajena. ¿Qué es sentir vergüenza ajena? Es, por ejemplo, que un tío te esté acosando durante 2 horas en un bar, diciéndote cosas como:
- Te he visto a lo lejos y… ya he sentido algo
- Soy pintor… (de qué, de brocha gorda?)
- Soy lo que estás buscando (ein?)
- Voy a estar ahí… mirándote… (aggh)
El grado siguiente de vergüenza ajena es cuando, tras esto, reparas mejor en él y ves que lleva la camiseta remetida por los pantalones, que le llegan casi a las axilas. Por dios… ¿no tienes amigos que te hagan ver la realidad?
Pero, sin duda, el éxtasis de la vergüenza ajena llega cuando, al rato de haberlo perdido de vista, lo divisas subido en la tarima del local, dándolo todo, al ritmo de la música. Y que ritmo!!!!
En fin, hay días en los que es mejor no salir de casa
Kate
Aha… Aha…
Que sí… que se te ve que estás muy orgulloso de saber de eso… pero por dios, ¡¡cambia el disco!!!
¿No hay veces en las que cuando hablas con una persona crees morir del extremado aburrimiento e indiferencia que te aporta la conversación?
Hay hombres a las que alguien les debería sentar en una silla, mirarle a los ojos y decirles que están equivocados, que no, que no se esfuercen.. que a las mujeres, muchas veces, nos gusta hablar de ropa, del tiempo, de las vacaciones y de lo que vamos a cenar por la noche. Nos gusta hablar de sentimientos, de cómo te cae tu jefe, de lo que te ha contado tu amiga sobre su novio… Sí, nos gusta hablar de cosas NORMALES y BANALES. Leer más
Modo sentimental ON
A veces ocurre que nos encerramos en nosotros mismos, en nuestras torturas, y no queremos salir. Pensamos que no podemos, pero lo que nos ocurre es que no queremos. Nos da miedo la felicidad.
La mayoría de las veces conocemos el camino que hay que seguir, pero nos da pereza empezar a andar. Intentamos convencernos a nosotros mismos de que no podemos, de que hay cosas que no somos capaces de superar porque somos débiles.
Pasa a menudo con el amor. Cuando te acostumbras a que las cosas te salgan mal, empiezas a no ver las cosas que te pasan por delante. Cuando ves un mínimo atisbo de felicidad, sales corriendo. Leer más
¡Sáquenme de aquí, esto es un “Gym”!
“Hoy voy al gimnasio”…. “al GIMNASIO”. Qué bien suena… ¿eh?
Bien. Ir al gimnasio está muy bien visto: es cuidar la salud, es desconectar, es entablar nuevas relaciones sociales, es divertirte… El que va al gimnasio es el que más mola, está en un peldaño más del estamento social. Lo respetas un poquito más, incluso…
Si un amigo tuyo te dice “hoy no puedo quedar, que he quedado con mi novio/-a” es un auténtico loser. Pero… ¿y si te dice “hoy no puedo quedar, que voy al gimnasio”? En ese momento tu amigo levita hasta las alturas convirtiéndose por un momento, en tu ídolo.
Pues amigos… para todos aquellos que, como yo, si os perdéis un día, que no os busquen en un gimnasio, os voy a contar la auténtica verdad de los gimnasios. Leer más
Habría que exterminarlo
Esta tarde en el trabajo, a la hora de la comida, he estado con las chicas y hemos estado hablando de cosas que podrían fulminarse sin dejar rastro en materia de estilismos:
- Zapatos o botas blancas. Habría que exterminarlos YA, tanto de hombre como de mujer. Y sé que no es la primera vez que lo digo.


